martes, 30 de abril de 2013

¡Mis ojos, mis ojos! (Cartas de Vinos Desastrosas I)


Dejé el viernes por la tarde el coche en el taller, tocaba cambio de aceite y de filtros, “poco más de una hora si todo va bien” me dijeron. Le calculé hora y media por lo bajo, no me merecía la pena volver a casa para tener que volver en un rato, así que me puse a dar una vuelta por los alrededores del taller, por la zona del centro comercial de San Pablo. No muy lejos vi un par de locales donde poder tomar un café sin prisas, con la esperanza que en alguno de ellos tuvieran algún periódico o revista a la que echar el guante, o cuando menos una conexión wi-fi gratuita.

No conseguí ninguna de las dos cosas, así que me rasqué el bolsillo y tiré de la tarifa plana que tengo en el móvil.

Pero llenar una hora y media con un café es algo muy aburrido, así que me decidí a caminar un poco (que viene muy bien, sea dicho de paso). Al poco de volver a poner el pie en la calle, pude ver unos cuantos restaurantes y abacerías donde ponían vinos, aunque a esas horas estaban cerrados o con pinta de haber echado el cierre unos meses atrás (no quiero pensar que abran así al público).

No obstante, hubo uno cuya carta llamó mi atención:



Directamente fui a leer la carta de vinos, para que nos vamos a engañar, un sitio nuevo es una excusa para salir de casa y hacer cosas nuevas, pero por desgracia se trata de una carta maldita, una carta que dice muy poco tanto del local, como de sus dueños.

No podía dar crédito a lo que leía, me podéis llamar repipi o pedante o acusarme de ir de sobrado, pero leer ciertas faltas de ortografía y gramática en una carta que va a ser vista por todo aquél que pasea por la calle, muy poco dice de lo que te puedes encontrar de puertas para adentro.

Pero con todo y con eso, las faltas de ortografía, en un momento dado, puedo darlas como anecdóticas, pero lo más sangrante, lo que más dolor provoco a mis ojos, fue comprobar la falta educación hacia los clientes, quiero decir que hacer una carta como esta, requiere total dejadez e indiferencia sobre la persona que entra en este local, lo cual puede ser exagerado, pero echemos un vistazo a la parte izquierda de la carta de vinos:


- Puedo entender que en una carta ponga Juve Camps en vez de Juvé y Camps, pero es que justo debajo estás poniendo Juvecamps, todo junto ¡y es la misma bodega!

-Marina oriol: pues no, Marina (nombre más bonito…) y Oriol, como Lole y Manuel, dos personas…

- Viña del vero: hombre, más de una viña crecen entorno al rio Vero (esas mayúsculas..).

- Rioja Grianza: ¿mande?, ¿y esto que es lo que es?, ¿vinos que han reposado en barricas de robre acatarrado?. No, no me vale que ha sido un error de teclado.

- Martinez la cuesta: no, no están avisando a Martínez de que viene una cuesta, va todo juntito, puede despistar, ¡pero coño, si tienes la botella ahí!, ¡fíjate un poco, hombre!

- Marquez de arienzo: ¿este no era un policía de una serie de televisión, Marquez?, ¡ah no, es un marqués!. Empiezo a pensar que la imprenta te cobran más si tienen que poner las tildes…

- Bigas luberri: pues no, no está dedicado a un directos de cine (Bigas Luna), ni esta Biga es de las que sujetan techos.

- Finca la Estacada: hecho en Tarancón, provincia de Cuenca, que como todos sabemos, es cuna de grandes vinos riojanos, de la parte de La Rioja que se encuentra una vez pasas el Ebro, el Duero, el Tajo y antes de llegar al Júcar. ¡Manda huevos!

- Prado de enea: ¡aparecio el “de” que le faltaba al Bigas de Luberri!

- Barón de anglades: bueno, al menos no ha puesto Varón Dandy. Si, con "v", ya puestos...


Llevamos una mitad de la carta  y, sin contar las faltas de ortografía, de 20 referencias ha fallado 9 (contando las faltas de ortografía, fallaría 16 de 20). Vamos a ser valientes y vamos a por la otra mitad, cosa divertida, oiga.


- Santa fe: así puesto pareciera que pudiera hacer referencia un pueblo cerca de Granada, pero no, el vino se llama Santafé 1492 y es un Ribera del Duero.

- Iyera: este ya es como una patada en las criadillas después de que te den una paliza en el suelo, ¡¿Iyera?!, ¿por qué no le han puesto de paso una h intercalada en alguna parte, así acaban con nuestro sufrimiento?, ¿en serio que en este local NADIE ha leído la carta y luego ha servido, aunque solo sea una copa de este vino y no ha visto el cantazo que pega la etiqueta del vino y la carta?, ¿NADIE?, ¿ningún cliente, de esos graciosillos, le ha puesto al tanto a algún camarero de esta tropelía?

- Proto: y nos comemos una “s”, seguro que se ahorraron algún centimillo en la imprenta.

- Oter de Cilla: otra ese que nos comemos (Oter de Cillas). Ya verás cuando se enteren mis paisanos de Tordesillas.  Ea, otros dos centimillos al bolsillo.

- (verdejo): uyyyyyyyyyy, aquí han tocado fibra sensible. A ver. Verdejo. Variedad autóctona de la DO Rueda, y de un tiempo a esta parte cultivada en otros parajes de ésta nuestra España. ¿Qué me quieres decir, que es un Rueda, que es un vino afrutado, o que solo tienes la variedad verdejo de esos vinos? Lo más seguro es que ninguna de las tres, alguien ha oído campanas, pero ni sabe por dónde, ni por qué las tocan.

- Viña galbana: otro caso de campanitis, alguien ha pensado que podría tratarse de un vino de una firma de moda, Dolche y Galbana, conocida en todos los mercadillos del país. En este caso creo que tiene que ver con otra cosa…

- Marquéz de heliche : ¡saña ahí, que duela, ahí, ahí, en los higadillos! No solo se ha cargado la regla de la acentuación de las agudas, ha sustituido la “s” por una “z” como ya hiciera en el otro lado de la carta, si no que además ha añadido una “h” a Eliche. Entiendo esta última confusión porque la misma bodega tiene otro vino donde pone la “h” a Heliche. Y acentúa Señorío también…

- Rias baixa: joder, ¿realmente hace falta comerse esta "s"…?

- Rioja alta: ‘enga, la última. A ver, que me quieres decir, chato, ¿qué Rioja Alta es otra denominación de origen distinta a Rioja, qué es una de las divisiones de la DOC Rioja, que en la Rioja Alta también hacen vinos blancos?


Por cierto, ¿cuáles de estos vinos han pasado por barrica? A primer golpe de vista diría que el Ocnos y el Muga, ¿por qué no lo pones, haciéndoles destacar del resto?

Catastrófico, ¿y nos preguntamos luego por qué la gente no bebe vino? Si ni siquiera cuidamos el producto, difícilmente la gente beba vino, entras en un bar/restaurante y a poco de vino que hayas bebido..., un Yllera por ejemplo, ves esta carta y te pides una cerveza. Un local donde se ponen tantos errores en tan poco sitio ¿es creíble que tengan el vino bien cuidado, si ni siquiera saben escribir el nombre del producto que venden?

Se puede decir que me paso de pedante, de exigente, que he ido a sacar punta al asunto. En cierto modo puede ser así, yo mismo pudiera haberme equivocado al escribir Martínez Lacuesta o si poner o no la “h” al Marqués de Eliche, errar es humano, pero si estas poniendo a la vista de todo el que pase por la calle la carta de los productos que vendes en tu local, estas vendiendo tu imagen, sobre todo en esta ciudad en la que poco a poco va a creciendo el consumo de vino.

Y lo peor de todo es que no es la primera carta que veo con graves fallos, ni mucho menos, he visto alguna que otra y temo que veré muchas más. 

Esto da para muchas más  partes, seguro.




lunes, 22 de abril de 2013

Una dulce traición


Cuando uno busca sorprender y resulta ser el sorprendido, la cara de gilipollas que se te queda debiera ser fotografiada, con más motivo si hay público de por medio, espectadores accidentales que se encontraban por allí y de repente se encuentran con una comedia improvisada (una performance que se dice ahora), que pasan del estupor a la risa sin que se termine de comprender que es lo que está pasando.

Esto pasó el día de San Valentín.

Pasé varios días buscando un buen  vino para la cena de San Valentín, no es que seamos unos forofos de este tipo de celebraciones, pero es una excusa válida para preparar una buena cena con la que tomar un mejor vino. Recientemente habíamos probado un vino del Priorat, Brunus, en un pedazo de restaurante del que ya os pondré en antecedentes; y mi intención al salir del restaurante, fue hacerme con unas botellas a la menor oportunidad.
Da la casualidad que aquí a mi compañera, le gustó también este vino, y últimamente se nos está volviendo más, ¿exigente?, no sé,  puede resultar un poco duro, pero ¿qué otra cosa se puede decir cuando en una cena, aquí la moza prueba un trago de un vino, lo paladea, chasquea la lengua con un sonido desaprobador y dice “este vino no sirve ni como agua de fregar”?

Ya tenía la conjunción perfecta: motivos y buen vino. En la creencia de encontrarlo enseguida, me pateé en un par de días las tiendas que conozco en Sevilla que venden buen vino. Para mi sorpresa, ninguna tenía esta marca. Recurrí a internet para comprarlo, pero tuve que desechar la idea porque los precios de los gastos de envío no merecen la pena para una sola botella.
Pero mira tú por donde, el pateo por las tiendas me dio la oportunidad de  encontrar otros vinos, entre ellos un nuevo conocido de La Rioja: Amaren.
Ya tenía el vino, supuse que para Paula sería una buena sorpresa, pero para llevarla a cabo, tenía que valerme de una excusa para ocultarlo. Se me ocurrió comprar otro buen vino con el que llegar a casa, para que a la hora de la verdad a la mesa llegara el otro.
El siguiente paso fue acercarme a una coqueta tienda de vinos del centro de Sevilla que últimamente visito con frecuencia: Flor de Sal Sevilla.

André, su dueño, ya conoce más o menos mis gustos y sabe por dónde dirigirme, pero al ser un vino para la señorita, me bastaron un par de indicaciones para que me mostrara qué vinos se ajustaban a los gustos de Paula: más mineral que afrutado, con madera, pero sin que sea excesiva. Y en esto, mientras me indicaba un vino del Montsant, veo en uno de los estantes un vino de Uvas Felices que aún no había probado: El Hombre Bala.





En este instante ya solo tenía ojos para este vino, solo quería saber si se acomodaba a lo que venía buscando para Paula. Si, reconozco  que en este momento el plan para despistar a la parienta se fue a hacer gárgaras y primaba más el querer llevarme esa botella a casa, so excusa de luego dar la sorpresa con el Amaren.

Pero algo sucedió. El vino cumplía más o menos con los requisitos que pedía, pero André me daba la larga cambiada, trataba de alguna forma de dirigir mi atención a otros vinos que se acomodaban más a los gustos que pedía. Y yo erre que erre, me empeñé en comparar los vinos que me presentaba con el hombre bala. André seguía intentando quitarme de en medio ese vino, al punto que terminé por fijarme en otro que me recomendó, un vino del Segre del que he oído hablar muy bien, así que me lo llevé, extrañado aún de la razón por la que André quisiera quitarme de la cabeza el vino que quería.
Al día siguiente, fui a buscar a Paula a su salida de la universidad con una pequeña caja de bombones de la mano, cinco bombones que duraron menos de cinco minutos. Nos dirigíamos dando una vuelta por la calle, quería aprovechar que solo tenía ese día de descanso para estar algo más de tiempo en la calle, durante tres meses hacer el trayecto de casa al trabajo y del trabajo a casa quema al más pintado, y por primera vez en muuuuucho tiempo, solo quería calle, calle y calle.

El caso es que Paula propuso tomar un vino y una tapa antes de coger camino a casa, pasear un poco, respirar aire fresco (aunque ello suponga cruzarte con los caballos de paseo del centro de Sevilla). Dirigimos nuestros pasos calle Zaragoza abajo, para llegar al final de la calle y encontrarnos de bruces en …. espera, giro inesperado a la derecha y cambio de rumbo, ¿pero no íbamos a ir a …?, ¿por qué estamos entrando en la tienda de André?, ¿Paula, que le has dicho que se ha ido riendo por lo bajini?, ¿y esta caja?, ¡¿cómo que pa’mi?!, pero si este vino es….¡¡¡¡¡SERÁS….!!!!
Y a partir de aquí, todas las piezas empezaron a casar. Resulta que, aquí, mi compañera; quiso sorprenderme, así que un día se acercó a Flor de Sal para buscarme un vino con el que cenar como señores, y casualidades de la vida (si es que éstas existen), André eligió un vino extraordinario.

Lo que André no sabía es que me iba a presentar días después con la misma intención, y en cuanto vio cuales eran mis intenciones, no sabía el hombre como quitarme de en medio la idea que comprara el hombre bala, imagino que lo tuvo que pasar mal durante los cinco minutos que me pasé insistiéndole en querer comprar El Hombre Bala….

Ni que decir tiene que acertó con el vino, muy rico y sabroso, del gusto de los dos comensales.

Pero que sepas, André, que esta te la guardo…

jueves, 18 de abril de 2013

Vistiendo a la mona con seda.

Sé que llevo poco menos de tres meses sin hacer una entrada en el blog, y no es que no tenga cosas que contar o me falten ideas, muy por el contrario, tengo la cabeza bulliciosa de cosas que quiero contar e ideas que se suceden una a otra. ¿Qué es lo que ha pasado entonces? 
Que he estado trabajando en un turno de noche.

Se ha hecho duro, no porque las condiciones en el curro sean malas (aunque podrían mejorar un poquito bastante), pero es un turno que te deja el cuerpo desecho y con pocas energías, los días que he tenido de descanso los he utilizado, en la mayor parte del tiempo, para dormir, aunque descansar, lo que se dice descansar, nada de nada. 
Estoy ahora en esa fase de transición entre un turno y otro, aún me tengo que acostumbrar a tener unos horarios de personal normal y corriente, creo que para el fin de semana tendré cuerpo y mente completamente restaurados, o al  menos eso espero.

Como decía, tengo unas cuantas entradas rondándome por la cabeza, algunas han pasado de la cabeza a uno archivo en el ordenador, pero lo del pasado martes, uffffff, me ha alterado sobremanera.
Sé que es volver a viejos temas, recurrentes en mis entradas, pero es una cosa que me quema, me provoca dolor el mero hecho de ver cosas como esta:


A su izquierda, el nuevo formato que García Carrión ha "vestido" al vino más vendido en España: Don Simón en botella de plasticucho. Según cogí la botella, no me ofreció la sensación de que tuviera los 75 cl. que indica la botella, ni por peso, ni por el tamaño de la botella, tanto fue así que le coloqué junto a una botella que supuestamente tiene la misma cantidad de líquido, y como podéis ver, Don Simón pierde por altura y por diámetro. Quizás estén vendiendo entre 65 y 70 cl, lo cual es inapreciable a la hora de beber, pero botella a botella se están sacando un montón de botellas "gratis" a costa del consumidor.

Y así es como te lo venden, a 44 botellas por cartón, esta es la imagen del vino español más vendido. No llego a comprender cómo el resto del sector del vino permite esta aberración.

Es cierto que Don Simón tiene su público, yo mismo lo utilizo para mezclarlo con naranja o limón, pero creo que todo tiene un límite, sobre todo cuando se toma el pelo al consumidor, ya no solo por el precio, a euro una botella (el litro a 1,33 €), si no porque pone la leyenda "El vino español más vendido en el mundo", lo cual es verdad a medias. García Carrión, propietaria de la marca Don Simon, es la mayor exportadorade vino a granel de España, si, pero tampoco sería mentira si la leyenda cambiara por "el vino para hacer kalimotxo más vendido en el mundo".

¿Cómo es posible que todas las IGPs de España permitan a García Carrión utilizar tan gratuitamente esas afirmaciones? 
Pero no solo pasa esto con Don Simón, un breve paseo por los supermercados dejan ver botellas con leyendas parecidas, el vino de Ribera más vendido, el Valdepeñas más vendido, el Rioja más consumido... todos ellos llevan el sello de García Carrión

Puede parecer que tenga algo en contra de la bodega (o que me deban dinero...), pero ni mucho menos, pero creo que la imagen de este grupo bodeguero, den la imagen real del vino de España, no creo que sea un Don Simón, un Don Luciano o un Pata Negra exponentes del trabajo que se hace en las bodegas. El ser el más vendido no implica que sea el mejor vino.

Además, siendo el campeón del granel ¿cómo puede ser que haya tanto vino para repartir entre España y Europa?, ¿puede que hagan algún tipo de trampa, que vino que produzcan en La Rioja (por ejemplo) lo lleven camiones cisterna hasta la planta de Don Simón en Murcia, o que directamente en La Rioja envasen Don Simón? Puede ser factible, pero al ver la siguiente foto vi que me equivocaba por kilómetros, por miles de kilómetros:


Vino de Chile...que no es que tenga nada en contra del vino de Chile, es más, cada vez estoy más interesado en probar vinos de Chile, Argentina, Brasil, pero ¿no decíamos que Don Simón es el vino español más vendido en el mundo...?

domingo, 20 de enero de 2013

Yo no quiero beber mal vino.


Hace unos cuantos días, leí ésta entrevista a un conocido bodeguero de Ribera del Duero, es más, la he leído detenidamente varias veces antes de realizar esta entrada, incluso os animo a que la echéis un vistazo antes de seguir leyéndome, de otro modo, puede que lo que figura renglones más abajo adquiera tintes extremistas, o al menos de tío cabezón, emperrado con las mismas ideas.

Sé que últimamente me autojustifico mucho (incluso a veces me pongo que pesado), pero insisto: saber, lo que es saber de vinos, lo justo. Y sé por mi propia experiencia, lo aprendido en cursos que he asistido, lo que he leído de profesionales y de profanos, tanto en publicaciones expertas, como en blogs de aficionados.
Antes de realizar la mayoría de las entradas de este blog, suelo contrastar mis opiniones, e incluso releo mis entradas más antiguas, me gusta comprobar si yo mismo me contradigo, pero leyendo, releyendo la entrevista, analizándola desde distintos puntos de vista, saco las mismas conclusiones.

La más clara de ellas es que no quiero beber vino malo (si puedo evitarlo). A ver. Entiendo que cuando el bodeguero dice que Hay que beber vino aunque sea malo”, se refiera a beber a un vino de una calidad normal, baja, no a un vino echado a perder, pero ¿por qué, para vender más vino, para “educar” al paladar? NO. Sinceramente, tenemos la enorme fortuna de tener vinos de buena calidad a buenos precios, somos la envidia de franceses e italianos que tienen que gastarse más dinero que nosotros por un vino de la misma calidad.

Nuestro consumo desciende y baja porque el vino no es atractivo, por muchos motivos que he comentado en otras entradas (aquí y aquí), no estoy de acuerdo cuando dice  No estamos llegando a los jóvenes. No estamos proyectando el valor cultural del vino” . Precisamente somos una sociedad que ha tenido el vino como icono cultural, nuestras comidas, nuestras celebraciones, nuestra forma de vivir ha tenido una vinculación muy especial con el vino y que ahora ha sido sustituido por la cerveza y las bebidas de alta graduación. Puede que el marketing tenga mucho que ver, pero creo que tiene mucho más que ver la propia imagen que las bodegas se han empeñado en mostrarnos: un producto para sibaritas, con un ritual en muchas ocasiones, no solo no es comprendido, si no que además no se ha sabido, no se ha querido explicar. Saber de vinos no es gastarse una pasta gansa en una botella de setenta y cinco centilitros, no es beber las grandes marcas de Ribera y de Rioja.

La gente no es tonta, la gente lee, pregunta, prueba, va a las bodegas, y en las de más renombre siempre se dice lo mismo: “Nosotros tenemos las mejores materias primas: la mejor fruta, las mejores barricas...”, añado, las mejores instalaciones, los mejores enólogos…, puede justificar en parte que una botella de vino cueste 45, 98 o incluso 900 euros, pero solo una parte, ¿Cuántas bodegas, cuantos vinos hemos visto que han comenzado a bajar los precios porque los vinos se quedan en las tiendas o en los almacenes porque la gente ya no se arriesga como antes a gastarse el dinero por algo que no les gusta, o que antes utilizaban como objeto de lujo?

Si, es verdad que hay gente que ha comprado y siguen comprando botellas a razón de trescientos y cuatrocientos euros la pieza, no dudo que alguno de ellos entienda mucho más que yo de vinos y sepa apreciarlos en su justa medida (a ver cuando me invita), pero sigo pensando que tendría que vender el bodeguero muchas más botellas de las que realmente justifica en las contraetiquetas, para que el negocio sea viable, pero a esos precios ¿quién bebe vino?

También he leído en otra entrevista, cosas como esta:
¿Por qué se bebe cada vez menos vino, en España?
¡La pregunta del millón! En primer lugar, por falta de cultura. En las escuelas debería explicarse que somos el país del mundo con más viñedos; el tercero en producción de vino... y, sin embargo, estamos por debajo de los 20 litros por persona y año, cuando hay países, como Suiza, que casi triplican esa cifra.
¿Le echamos la culpa a la DGT?
Si vas a conducir, no hay que beber alcohol: ni vino, ni cerveza, ni nada. ¡Eso es una máxima absoluta! La base está en la educación. No se trata de que los menores beban alcohol. Lo que sí quiero es que sepan qué es una uva, que se adentren en este mundo. Nuestro gran reto es llegar a los jóvenes.
Pues los jóvenes españoles beben bastante...
Sí pero prefieren los destilados, y luego está el marketing de las cinco o seis grandes cerveceras, que aglutinan mucho poder. El sector del vino está muy atomizado: hay unas 2.000 bodegas y casi 15.000 marcas.
Difícil competir, entonces...
Sí pero nosotros contamos con la gastronomía y por ahí sí se puede entrar. ¡Hay que fomentar los maridajes!
 El entrevistado es Carlos González, director de la Guía Peñin, uno de los referentes, a nivel mundial, del vino español, guía a la que suelo acudir para resolver alguna de mis dudas.
Es cierto que ya no damos el valor al vino como le dábamos antes, y que quizás su valor como cultura y como industria ha de ser explicada en el colegio o en el instituto, pero eso no va a hacer que aumente el consumo de vino de los mayores de 18 años.
Por contra, aún no he visto a nadie (o casi nadie) de una bodega, de un observatorio o de publicaciones serias; analizando el por qué un suizo bebe 60 litros al año y el francés 44, ¿Qué franja de edad, qué poder adquisitivo tienen, qué les motiva a pedir vino: valores culturales, sociales? Nosotros, de mientras, vemos la tabla de la salvación en la gastronomía, en maridajes. Si uno va a la Plaza del Salvador de Sevilla una mañana del fin de semana, verá como la gente está “maridando” una cerveza con unas aceitunas o unos cacahuetes, que en muchos casos hasta te los dan con la consumición. En la misma plaza te venden un hermoso cucurucho de patatas fritas por un euro. Si nos juntamos cuatro amigos, con cinco euros nos hemos tomado una cerveza, hemos picado patatas y/o cacahuetes y lo más probable es que nos atrevamos a repetir. ¿Podríamos realizar la misma acción con el vino? Lo más probable es que no. La copa más barata de un vino “decente” cuesta 1,50 €, y en muchos casos es un vino que para los que no están acostumbrados a tomarlo, se pidan una cerveza en la siguiente ronda. 
Bajémonos de una vez del burro, hay que hacer un cambio de mentalidad, un cambio cultural, si, es cierto; pero en muchos casos hay que ser mucho, mucho más humildes, acercar a la gente el vino, desmitificar rituales cada vez que tomamos una copa, o al menos explicar el porqué de ese ritual.
No estoy en contra de que se hagan vinos caros, el que pueda pagarlos, que los compre, pero si estoy a favor de que el precio de un vino vaya en consonancia con la calidad del mismo y no por el nombre de la bodega, sobre todo cuando ha quedado más que patente estos últimos años, que podemos y sabemos hacer vinos de calidad a precios para todos los bolsillos, y bajo esta premisa ¿por qué hemos de beber malos vinos?

miércoles, 9 de enero de 2013

Los vinos de esta Navidad.


Si el día uno de enero te levantas de buena mañana y te decides a poner la televisión, lo más seguro es que te encuentres a un montón de personas muy bien vestidas, escuchando embelesadas a la filarmónica de Viena. Después vienen los saltos de esquí y tiempo después, sólo y sólo si tu estómago (y la resaca) te deja, te sientas en una mesa a meterte una buena comida. Lo de levantarse después, es otro tema.

A lo que voy, somos animales de costumbres y creo que voy a inaugurar otra, al menos mientras tenga los ánimos suficientes para escribir este pequeño blog.

Creo que por el título más o menos imaginaréis de que voy a ir: los vinos que han caído este año. Las navidades pasadas tuvieron sus luces y sus sombras. Éste, sin embargo, he quedado bastante satisfecho con la elección que he hecho. También es verdad que la mitad de la selección venía hecha desde el viaje a La Rioja, compramos pocas botellas pero la verdad es que han salido muy buenas. La selección la completé con verdejos que sabía como me podían funcionar, y a última hora completamos la selección con un rosado del que nos hemos encaprichado (aunque luego no lo hemos catado), y teóricamente tendría que haberme hecho con un Pegaso Barrancos de Pizarra, pero no le encontré de la añada que me habían recomendado (queda pendiente…), así que opté por un vino de una bodega de Mallorca de la que me han llegado buenas referencias.

No son todos los que he comprado, pero estos son los que han caído estas navidades:


- Ramón Bilbao reserva 2.006 (D.O.C. Rioja): fue el elegido para la cena de Nochebuena, uffff, tremendo, llena la boca, perfecto de acidez, el tanino es más que correcto, tiene un perfume complejo, me vino enseguida olores a especias, lo mueves un poco y salen las frutas negras, la madera. Ciertamente la relación calidad/precio hacen que lo recomiende vivamente, es un reserva riojano a un precio más que asequible (no más de 12 euros la botella).


- Villa Narcisa verdejo 2.011 (D.O. Rueda): estupendo verdejo, creo que está en su punto óptimo, tienen esos olores que me gustan, a flores, a hierba, le faltó quizás el hinojo. En boca es goloso, con la acidez que esperaba. Creo que la madera le tiene que sentar muy bien. Veremos.


- El perro verde verdejo 2.011 (D.O. Rueda): en una sola palabra: ¡guau!. Creo que está más rico que el 2.010, tiene un punto más dulzón que el anterior, aunque le gana en aromas.


- Amaren reserva 2.005 (D.O.C. Rioja): elegido para la comida de Año Nuevo, nos gustó mucho, pero tela, es espectacular, potente, es meterte un poco en la boca y una explosión de sensaciones, no puedo ponerle ningún "pero", salvo el precio, algo elevado para mi bolsillo, no obstante, nos hemos encaprichado con este vino. Volverá a nuestra cava.


- 12 volts 2.011 (V.T. Mallorca): he acertado este año, me encanta, no es un vino típico, de aroma complejo, muy sabroso, cálido, equilibrado y largo. Definitivamente, habrá que hacer una cata más seria de este vino.


A la hora de señalar el vino favorito de las navidades, no me hace especial gracia elaborar una clasificación o un ranking, por gustar, nos ha gustado mucho el Amaren, pero es difícil de encontrar en Sevilla, mientras que el Ramón Bilbao es fácil de encontrar en las buenas enotecas que frecuentamos. 

En cuanto a los blancos, la dificultad es mucho mayor, la calidad es muy, muy buena, son esos vinos que puedes comprar a ojos cerrados para quedar bien en tu casa, en casa ajena o para regalar, la diferencia de precios hacen que te puedas decantar por el Viña Narcisa, pero es que El Perro Verde también merece la pena gastarse un poco más por él.


En definitiva. me han gustado mucho este año los vinos, quizás podría haberme arriesgado algo más, sobre todo con los blancos, me hubiera gustado haber comprado un blanco de Alella (In Vita), pero como de lo que se trataba era de disfrutar, es a lo que nos hemos dedicado. Y bien agustito.