sábado, 25 de marzo de 2017

Es bonito mientras dura.


Soy consciente sobre mis propias limitaciones, tanto a nivel físico como a nivel intelectual, podríamos hablar de esto largo y tendido, pero me temo que es bastante aburrido.

Suelo tener en la cabeza, no exagero, cuatro o cinco entradas para el blog. Una o dos terminan como esbozo en un papel y/o en un archivo en el ordenador.



De vez en cuando una de ellas termina siendo una entrada del blog.

Me gustaría decir que publico la mejor de las ideas, pero es obvio que no siempre es así. La capacidad para plasmar lo que quiero decir y lo que luego digo tiene muchos altibajos y en este momento esta cualidad está bastante por debajo del nivel que a mí me gustaría, o al menos de un nivel aceptable como para ser leído.

Mi idea de blog, la primera intención al menos, es que me sirva de válvula de escape. Es una idea muy manida y que se repite en miles de situaciones, tanto en el mundo digital como en el mundo analógico del papel.

Hoy esta válvula está dañada, hay que repararla o sustituirla. Y no sé cuanto tardaré en hacerlo o si volveré a hacerlo, eso está por decidir.

Tanto si alguna vez me leíste (y te gustó) o si estás aquí de paso (bienvenido, quédate tanto como gustes o soportes), muchas gracias, fue bonito mientras duró.

No prometo volver porque no me gusta prometer algo que no sé si podré cumplir, pero si de vez en cuando pasas por aquí, lo mismo nos encontramos de nuevo.

Y habrá buen vino.


martes, 28 de febrero de 2017

Demencia azul.



La tarde se había quedado bastante bien, fuimos con Sergio a un par de parques para que se cansara jugando, pero antes de volver a casa había que reponer algunas cosillas en la nevera. No podía creer mi mala suerte. A pesar de ser sábado por la tarde, permanecían cerradas las dos tiendas de vino más cercanas al parque donde nos encontrábamos, casi casi en el centro de Sevilla. Mal asunto. La tercera quedaba ya bastante lejos y Sergio empezaba a rezungar, eso significaba que nos tendríamos que contentar con el vino de supermercado más decente que pudiera encontrar en la “bodega”: un Marqués de Cáceres Reserva “Especial” 2.010 de oferta (6,55€ creo recordar), nos tendría que servir para apaciguar la larga sequía de buen vino que aún hoy  estamos sufriendo. Al girar por uno de los pasillos en dirección a las cajas del establecimiento, no pude evitar soltar una carcajada al ver el “invento” azul de García-Carrión. Sergio se giró hacia mí y se empezó a reír, lo que originó una risa generalizada en la pequeña familia Fernández –Rodríguez. Le conté a Paula lo de la ocurrencia del vino azul, tanto por parte del señor Don Simón, como la última historieta de los chicos del novino azul.

- Bueno, pero ¿tú lo probarías? me dijo Paula en referencia al novino azul.
- Sólo si me lo regalan, contesté.

Al día siguiente puse la ocurrencia de Mr. Simón en el perfil de Facebook del blog y en el mío personal. Mi hermana Cris no tardó en pegarme un pequeño tirón de orejas, “Conchos, pues habrá que probarlo para poder opinar!!!”

El lunes, fue el turno de mi hermana política, uséase, mi cuñada Chave.  En una entrada de Facebook me hacía una llamada de atención a una publicación de los creadores del novino azul, en el que se preguntaba ¿Beberías vino azul?

Si me lo regalas tú, ¡por supuesto!” respondí.

Ni imaginar podía que una semana después Paula me regalaría una botella de novino azul, en mi cabeza estaba rondando la idea de hacer una entrada con todo lo que estaba pasando más lo que pasaba con los chicos del  novino y alguna que otra lectura, digamos, rara.

Pero en estas, Paula me regaló el vino azul y lo probamos. Adiós a la entrada que ya tenía titulada “Razones por las que bebería vino azul (si me lo regalas)”


Creo que es difícil que vuelva a probar este novino, igual de difícil de que vuelva, volvamos, a probar un vino que no nos haya gustado, no hay que darle más importancia.

Pero tampoco hay que quitársela, veréis, hay una manida frase de Evelyn B. Hall (falsamente atribuida a Voltaire), que dice algo así como que “no estoy de acuerdo con lo que me dices, pero defenderé tu derecho a decirlo”.

No veo cual es el mal, el problema que podría generar el novino azul dentro del mundo del vino, y aunque fuera un problema, no es el mayor problema del vino español, ni mucho menos. Este es un país en el que cuesta mucho reconocer los méritos de los demás, porque vender 90.000 botellas de novino azul tiene mérito. Muy al contrario, nos gusta mucho poner la zancadilla, ver dónde poner el pie para que el otro tropiece, aún a riesgo de que se nos parta el tobillo y que las consecuencias de la caída del otro sean peores para nosotros que para el que cae. Somos un poco cainitas, si.

Vender 90.000 botellas, que los medios de comunicación te dediquen 2 minutos en la tele, que salgas en las noticias, no solo de tu país, si no que además lo hagas fuera, esa publicidad es impagable, y seguro que a más de uno se le han llevado los demonios. Entiendo perfectamente que haya una rabia (más o menos contenida) de gente que trabaja a pie de viña y en la bodega día a día y que no siempre es reconocida por la prensa y el público en general. Pero normalmente esta gente valiente lo que hace es volver a la viña y a la bodega, el vino no se hace solo con palabras, mucho menos con mala leche.

Están luego los aprovechados, gente que se apropia de una idea, generalmente por las malas, y le saca partido a expensas del trabajo de los otros. Ni que decir tiene que no conceden el crédito ni el mérito al creador de la idea, incluso se molestan si alguien les dice que no son para nada originales. Hemos llegado al mismo resultado por distintos caminos, dicen. Y hay quien se lo cree.

Hay un tercer tipo de personas, el peor de todas: los que no dan ni palo al agua. Son aquellos que no se molestan en trabajar lo que deben, los que no hacen siquiera el mínimo esfuerzo por defender lo suyo, y amparados en el anonimato, gritan a los cuatro vientos lo malo que es el invento de los otros, las trágicas consecuencias que va a traer a la sociedad si esto persiste, los que aprovechan cualquier resquicio para que esa idea no siga adelante. En el caso del novino esto se ha traducido en un juicio y una multa. El denunciante anónimo, por supuesto.

Respeto todas las opiniones, siempre y cuando sean razonadas. He leído muchas manifestándose en contra del novino, puedo estar más o menos en acuerdo con las razones que se dan, pero me molesta un poquitín cuando se magnifica un problema donde no lo hay. He leído alguna que otra burrada, del estilo “esto va a acabar con el consumo del vino en España”. El consumo del vino en España es muy anterior al novino, y lejos de aprovechar el tirón de esta bebida para impulsar el consumo moderado entre los más jóvenes, hay quien se dedica a demonizar este consumo y a sus consumidores. Pero lo que más rabia me da es que en estas mismas páginas o publicaciones serias, se recomiendan vinos de más de 20€ la botella, o se agasaja a “bodegueros” naif que se supone que son la leche, con unos vinos dignos del mismísimo Baco, pero que solo son accesibles a los bolsillos más adinerados. ¿Realmente el problema es el novino azul? Hipócritas.

La vida de este producto no puede ser muy larga, será novedad por un tiempo, pero pasados unos años carecerá de interés o habrá otras bodegas, tanto de casa como de fuera, que explotarán el peculiar color del líquido durante un tiempo, y después, al baúl de los recuerdos. Bajo mi punto de vista, se le ha dado mucha caña al novino pero muy poca a los problemas reales del vino y consumo de vino en España. De vez en cuando surgen cantos lastimosos, por parte de unos y otros, pero al cabo de una semana, todo olvidado, pelillos a la mar, miren que mineralidad más maravillosa, increíble vino blanco criado en barricas de acacia, sublime cata vertical de la más prestigiosa bodega riojana, nueva directiva de la FEV.

Ya. Y mientras tanto, se acerca el buen tiempo, los bares están sacando los cubos de zinc para rellenarlos de hielo y cervezas. Todavía alguno os llevaréis las manos a la cabeza. Y la oportunidad, de nuevo, pasó por vuestra puerta y no dudasteis en darle una patada. Plañideras.

martes, 7 de febrero de 2017

Cata de un NO vino.


¡Argh! Llevo tres días a vueltas con la factura de la luz de las narices, que si término potencia, que si término energía, que si termino hasta los cojo…, vamos, que pase lo que pase hay que seguir soltando un pastizal por capricho de nuestros amados líderes.

Antes de nada. Que nadie se sienta identificado con lo que voy a contar en esta entrada y en la siguiente. Tanto en el pasado, como en el presente (y espero poderlo hacer en el futuro), si quiero referirme a alguien, que no os quepa duda que lo voy a hacer: Zutano ha dicho esto, aquí, Mengana se ha referido a esto otro, allá. Lo que a continuación viene, es un compendio de unas cuantas horas de lectura en revistas, en blogs, en foros, en preguntas indiscretas a las tres de la mañana hechas a traición y que en el mejor de los casos ha terminado en un telefonazo. En toda la cara.

 Vale, si. Puede contener algo de mala baba y una pizca de la típica retranca vallisoletana, pero una de dos, o me desahogo con vosotros o lo hago con los difuntos más frescos de los presidentes de las compañías eléctricas, pero eso lo único que va a hacer es que la luz suba aún más, si cabe. Como vosotros comprenderéis (y querréis), he optado por la primera opción.

 Hecha esta advertencia, que Dionisos reparta suerte.

Hace ya unos cuantos meses,  hablaba del extraño vino azul que traía tan de cabeza al sector ultraortodoxo del vino. Como en toda afición humana (fútbol, baloncesto, canicas, religión, política, sexo con mutantes…), hay gente tan, tan, tan purista, que al menor atisbo de cambio o soplo de modernidad, que a la que cuentas tres salen como posesos a la calle con una tea y un sacacorchos oxidado al grito de ¡Anatema, herejes!. En fin, los tiempos han cambiado y los autos de fe han pasado a mejor vida, aunque mangas verdes sigue habiendo.

Cómo será la cosa, que en el mes de agosto, con el frío que estaba cayendo, una denuncia “anónima hizo que dos inspectores de sanidad se presentaran en la sede de los creadores del “vino” azul para paralizarles la comercialización del azul elemento. Ea, a juicio, que es otro hobby español. Según parce, el término “vino azul” no aparece en el Reglamento de productos agrarios, con lo cuál no se puede llamar “vino” a ese líquido a pesar de que sea un 99% vino y 1% mosto (llamaremos mosto a la mezcla de zumo de uva, colorantes, edulcorantes y conservantes que permite tener a este líquido el color azul).

Dictamen inmediato del Sr. Juez: multazo de órdago e imposibilidad de comerciar el producto bajo el nombre de “vino”. Según parece, el “anónimo” denunciante puede ser parte interesada del mundo del vino, y no es nada descabellado. Vender 90.000 botellas de Gïk (nombre del producto azul) ha debido escocer al más pintado, y antes de que la cosa se desborde han decidido cortar por lo sano.

Voy a reservarme la opinión de todo este asunto para la próxima entrada, me ha parecido importante esta pequeña introducción para que sepamos todos de lo que estamos hablando.

Y ahora sí, vamos al plato fuerte, nota de cata del vino producto azul “Gïk”:


- Gïk Live (Sin IGP): empezaré por lo más obvio, color azul transparente. A mi parecer está entre un color añil y un azul eléctrico (¡qué pesadilla!). No cabe duda que el color es muy atrayente, es distinto a todo lo que hasta ahora he bebido. Cierto es que en alguna ocasión ha caído una copa de un vodka morado y una ginebra también azul, pero la intensidad de este azul es completamente distinta. En nariz, huele a jarabe de niño, a dulce, muy por lo bajini a frutas blancas, pero muy por lo bajini. En boca…, en boca, sabe a jarabe, es un líquido dulce, no es una mistela o un mosto alicorado, pero casi. Es como esos vinos blancos semidulces que venden a cascoporro en las grandes superficies.

Definitivamente no es un vino para Paula o para mí. No obstante, entiendo que le haga gracia a los más jóvenes, habla su idioma, es novedoso, es atrayente (Sergio estuvo a punto de coger la copa en dos ocasiones), tiene un diseño atractivo, PERO… aunque no podamos hablar de vino per se, lo voy a tratar como tal. 

La etiqueta muy bonita, muy chula, muy graciosa, tiene la cara de un perrito como Uly con dos copas, jajajaja. Información, ninguna, al igual que muchas bodegas importantes de este país. No sabemos que variedad de uva se ha utilizado, no hay atisbo de “añada”; dado que ponen que el vino tiene edulcorantes y colorantes, que menos que informar cuales son. Vale, el colorante azul no lo pueden desvelar porque si no están desvelando su secreto. En su web, sólo se indica que provienen de pigmentos naturales de la piel de la uva, investigando por ahí, los mismos creadores dicen que se trata de antocianina e indigotina (E-132). Como mis conocimientos de ampelografía y química son los que son, no puedo contradecirles. Salvo que ellos hallan encontrado la indigotina de forma natural en los hollejos de la uva, este elemento sólo se encuentra de forma "ecológica" en un arbusto de la familia de las leguminosas, quiero decir, alejada de la vitis vinífera.




En definitiva, es un vino facilón, visualmente atractivo, pero que no va a gustar al que ya beba vino. Es un vino para gente joven, gente que no quiere complicarse la vida eligiendo un vino, al que guste de lambrusco… y que no les importe gastarse 10 € la botella, me parece un precio exagerado para lo que realmente es.


Si os ofrecen una copa, yo me la tomaría, al menos saber de lo que estamos hablando antes de llamar herejes, sacrílegos o terroristas al personal. Después podemos hablar largo y tendido sobre lo mal que nos parece o lo mal que está la juventud, pero para eso os espero en la próxima entrada. Promete.

martes, 17 de enero de 2017

Vinos de la Navidad del 2.016



Han pasado otras navidades más. Y unas cuantas botellas. Sigo incómodo en esta posición de torero de salón, eligiendo vinos a través de una pantalla de ordenador en vez de realizarlo cara a cara, con la botella a la vista y Paula de contrapeso cuando me entusiasmo demasiado con un vino. A Parker me gustaría defender sus gustos delante de la moza. 

Este año, por razones que yo mismo desconozco, me he inclinado por vinos de mi tierra natal, otras veces suelo esparcirme por más sitios, pero será por morriña o por designios de Dionisos, Castilla y León ha tenido mucha presencia en casa. 

Antes de empezar, os voy a pedir perdón por la calidad de las fotos de las botellas, el editor de imágenes que suelo utilizar para estas tareas está de morros conmigo.


- 7 Fuentes 2.013 (DO Valle de la Orotava): empezamos con un vino tinto canario, sabroso pero ligero. De color granate, capa media, en nariz es algo complejo, me huele a pimienta, pizarra, fruta roja, monte. En boca es de esos vinos que estás deseando terminar la copa para ponerte la segunda, noto mucha fruta y algo que no sabría si describir como mineral, algún toque a café. Lo comimos en una merienda informal a base de chorizo, salchichón y caña de lomo. Para repertir.


- Le Batard 2.013 (VT Castilla y León): una señora garnacha, digo señora porque me pareció muy elegante, tanto en aroma, como en sabor. Fruta negra y regaliz en nariz, algo de vainilla, en boca es como morder muchos granos de granada, fresco, sedoso. Dimos cuenta de él con unas chuletillas de cordero. No es un vino que me pueda permitir todos los meses, pero merece la pena darse un capricho.


- Camino de los Arrieros 2.014 (DO Arribes del Duero): una amalgama de tintas procedentes de Fermoselle, provincia de Zamora. De alegres tonos violetas (capa baja), tenemos un vino plenamente frutal (tanto en nariz como en boca), pese a no llevar tinta de toro, aparentemente, tiene marcado ese gusto a ciruela, pero no es tan denso. De este vino cayeron dos botellas en días distintos. Uno de ellos sirvió de acompañante a unos garbanzos con carrilleras y chorizo, quizás no es la mejor combinación, pero ¡que rico estaba todo!.


- Cantayano 2.014 (VT Castilla y León): uno de los mejores verdejos fuera  de la DO, otro más. Se empeña la DO Rueda en tener los mejores exponentes de la variedad autóctona fuera de la denominación de origen. A ver si el nuevo consejo regulador recapacita. Vino amarillo pálido con reflejos verdes, me huele a hinojo, flores blancas (lirio). En boca es redondo, cubre toda la boca, fresco, puntito goloso, tiene esa mezcla entre de dulce/ácido de la fruta cuando aún no está madura. Al final del trago, tiene un deje amargo, nada molesto, es como cuando comes alcachofas, mientras está en boca tiene cremosidad, sabor algo dulce, pero que tiene ese sabor final amargo cuando pasa a la garganta. Es para seguirlo de cerca, espero ansioso la añada del 2.015.


- Castelo de Medina verdejo 2.015 (DO Rueda): dentro de la DO Rueda, un verdejo que está rico, pero que le falta algo. A la vista es amarillo pajizo, pálido. En nariz se nota plátano, frutas blancas, hierbas aromáticas. En boca decae un poco, está bueno, pero le noto algo más flojillo que en añadas anteriores, le falta un poquito de potencia, no termina el trago y como que ya se ha ido el sabor. No obstante es un verdejo para seguirle el paso.


- Castrillo de Duero 2.014 (VT Castilla y León): un tinto carnoso, granate, capa media. Huele a fruta roja, sabe a fruta, es un vino joven rotundo, un vino de para tener en casa por botellas. Quizás no sea el más indicado para una fiesta formal, pero para un pollo asado al carbón o al romero, bufff.


- Faustino I Gran Reserva 2.004 (DOC Rioja): regalo de mi suegro. Esperaba encontrar un tinto potente, con amplios aromas a madera, nada de fruta, un vino “señor”. Y no, para nada. Aroma a fruta en compota, café, vainilla, pero por lo bajini. Color granate oscuro, en boca es un vino sutil, destaca más por el sabor que le ha aportado la madera (torrefacto, vainilla) que por el de la fruta. A ver, es un vino correcto, apto para el consumo, pero no aporta nada para la calidad que debiera tener.


- Finca Las Caraballas 2.015 (DO Rueda): uno de mis verdejos favoritos, ahora ya dentro de la DO Rueda. Amarillo pajizo, buen olor a fruta blanca (pera, manzana) y hierba. En boca se presenta algo más débil que en años anteriores, no tiene esa rotundidad del 14 ó el 13, le noto algo más disperso, no me cuadra, tendré que hacerme con otra botella.


- HESVERA Cosecha Limitada Reserva 2008 (DO Ribera del Duero): regalo de mi hermano, es un vino de corte clásico. Un poco pasado de madera, aunque no tapa del todo los aromas a fruta roja. Le cuesta abrirse un poco, nada fuera de lo normal, pensé en encontrar un vino maderón, pero no. Consistente, se pude masticar, fruta en compota y madera que acompaña bien al conjunto. Necesita un plato contundente. Muy rico. 


- Lovamor 2.015 (VT Castilla y León): una golosina. Amarillo dorado pálido a la vista, olor a compotas, membrillos, miel, limón. Diría que es un vino simple, extrovertido, alegre, muy fácil de beber. Fresco, descarado, combina muy bien con un pescado, eso sí, hay que terminarse la botella de una vez. De un día para otro pierde. 


- Pesquera Crianza 2.013 (DO Ribera del Duero): regalo de mi tío Ricardo (al igual que el Castelo), tenemos a uno de los mayores representantes de la DO Ribera del Duero. Fruta roja y madera a partes iguales, algo de regaliz, cuero, en boca fue algo más diluido, carnoso, pero le noté algo flojillo. No obstante tendré que hacerme con otras añadas.


- Tinajas de la Mata 2.013 (DO Alicante): un vino naranja, si, naranja turbio y con bastante precipitado. En otros tiempos hubiera devuelto la botella, pero ya sabía lo que estaba comprando. Vino natural, hecho como lo hubieran hecho los mismísimos romanos, según reza en algún artículo. Hecho a base de moscatel de Alejandría y otras variedades blancas, vino reposado en tinajas de barro por más de un año. Al pasar la copa por la nariz, destaca el olor a moscatel (típico) de la uva principal, y a flores blancas. Algún aromilla a albaricoque y tierra asoman muy al final. En boca me ha desconcertado. Ácido, pero ácido como una manzana verde. No me disgusta el sabor, pero creo que es más propio de una sidra natural que la de un vino. Nunca he probado un vino igual, así que, tendré que darle otra oportunidad más adelante.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El sentido de una cata.

Decíamos ayer en Facebook, que la siguiente entrada del blog trataría sobre vinos que debería haber bebido ya, pero me veo en la pequeña obligación de realizar una precuela a la entrada o a las entradas de los vinos de la primera parte del invierno, quicir, los vinos de estas navidades. No dispongo de todo el tiempo que me gustaría tener para beber todo el vino que yo quiero beber, ojo, no beber por beber, si no beber vinos de distintos orígenes, de distintas uvas, de poder ir a catas o ir a una bodega. Pero todos tenemos prioridades en la vida, y por muchos motivos decidí hace tiempo relegar al mundo del vino  a un plano más secundario.

Este segundo plano se basa en leer más y beber menos (y este 2.016, no precisamente mejor). Leer más publicaciones serias, más blogs, más revistas, aunque en todo caso, siempre por encima y sin profundizar demasiado. El tiempo no estira. De cualquier forma, he intentado ser lo más plural que me ha sido posible, leer distintas “corrientes”, distintas sensibilidades, mantener una postura neutral. Pero claro, leer opiniones de unos y de otros finalmente te hace tomar parte por una de esas corrientes, bien por afinidad de gustos, bien por ser de la misma generación, bien porque seguir ciertas lecturas es más fácil (y divertido) que otras. Eso si, todas estas posturas, sensibilidades, perfiles, como queramos definirlos; todos coinciden de una forma más o menos consciente de que para beber buen vino hay que soltar pasta, 15€ la botella como poco, lo normal es que un vino considerado como “bueno” ronde entre los 20 y 50€/botella. De vez en cuando hay algunas botellas por debajo de ese valor límite (los 15€), pero la mayoría de las recomendaciones y las mejores calificaciones responden a esa escala de precios.
 Después divergen en los estilos del vino (más clásica o más moderna), cuándo, de dónde, con quién, con qué tomarlos…eso y que el resto del planeta no tiene ni puñetera idea de vinos.

Hay un momento en el que manejar cierto volumen de información llega a ser complicado. El concepto de objetividad empieza a distanciarse de la realidad y casi diría que del sentido común; y llega un momento en el que te gusta lo que a otros les gusta y odias lo que otros odian (sin que esos “otros” sean necesariamente los mismos), todo ello sin haber probado una sola gota de vino. Ni una sola gota.

La única ventaja de vivir tan lejos de una tienda de vinos y de vivir en un país con las peores compañías de mensajería (con honrosas excepciones),  me ha evitado cometer errores garrafales, no tanto por la calidad de los vinos a probar, si no de hablar de algo de lo que (reconozcámoslo), no tengo ni pajolera idea.

Pero, (siempre hay un pero), el otro día quise, no tanto dármelas de entendido, ¿cómo lo diría?, entré en un lugar pensando que sabía algo de vino y 45 minutos después salí habiendo recibido una solemne cura de humildad. Seis copas de vino me sirvió para comprender de que NO TENGO IDEA SOBRE VINO.
Sé lo que me gusta y lo que no me gusta. Y ese es el principio del todo y la idea original de este blog. Hablar de lo que a MÍ me gusta y poner negro sobre blanco lo que NO ME GUSTA. Eso si, razonado. Es mi gusto, no tiene por qué coincidir con el tuyo, y eso no significa que yo tenga un gusto de mierda y el tuyo no sirva para nada. En absoluto. Eso significa que yo tengo una personalidad y un gusto (como todo hijo de vecino), y habrá veces que coincidiremos y otras en las que no. Y no pasa nada.

El día de la comida de Navidad, mientras se apuraba una botella y se abría la siguiente, mi hermano me pregunta “¿Para qué sirve una cata”? La respuesta es fácil:
PARA SABER SI UN VINO ESTÁ EN CONDICIONES DE SER BEBIDO O NO.

Punto.

Podemos ver el colorín que tiene un vino, que indica y aporta una información suplementaria, pero teniendo en cuenta que esto para mí es carmín y para ti bermellón ¿quién de los dos tiene razón? Los dos. Si se lo preguntamos a un ciego o a un daltónico erramos los cuatro seguro.
Podemos, debemos olerlo para saber si tiene defectos el vino, o si necesita ser decantado, y poco más. ¿De qué me sirve decirte que huele a cassis (si nunca lo has probado) o si huele a sotobosque si para mí es el olor de un pinar o de un hayedo y para ti ese mismo olor es el de un robledal? Si eres de ciudad y nunca has pasado una mañana entera en el bosque, tenemos un problema.

Es por ello que, desde este momento todas las catas que aparezcan en el blog, todas las apreciaciones de vinos y/o bodegas se basarán en mis gustos personales. Como siempre ha sucedido, todos los vinos han sido pagados de mi bolsillo o se tratan de regalos de mis familiares y amigos (casi ninguno perteneciente al mundo del vino), y si alguna vez coincidimos y me invitas o te invito a una copa, mi opinión será sincera, pero deberá comenzar por “ a MÍ me parece…)

Feliz 2.017, aprovechadlo bien, que parece que vienen curvas en el horizonte.