miércoles, 3 de agosto de 2011

Valbuena 5º 1.995

Creo que fue en el 2.000, con la primera paga extraordinaria de Navidad de mi vida, con la que me quise tirar un moco por la cena de Nochebuena y comprar un vino de postín, aun cuando en casa el que bebía (y más bebe) vino soy yo. Así que uno de los días que estaba trabajando en Valladolid, me acerqué a la única tienda de vino que tenía, según mi más que penosa idea sobre el asunto; mayor variedad de caldos: la tienda gourmet del Corte Inglés del Paseo Zorrilla. Toma del frasco, Carrasco. Yo ya iba sabiendo que la estocada iba ser de aúpa, pero bueno, 23/24 añitos, el primer trabajo serio (y encima me encantaba), la primera paga extra... ténganlo en cuenta..., un capricho, háganse cargo...


Una vez dentro de la tienda, me voy disparado a por un Vega Sicilia, el mejor vino, ya no solo de la Ribera del Duero, si no de España entera (esa era mi idea). No puedo decir la añada que era, pero la etiqueta del precio ponía 132.000 ptas. Quieto parao. Una cosa es quedar como un marqués y otra muy distinta ser un perfecto gilipollas, ¡vamos!, casi casi la paga extraordinaria y la nómina de diciembre, ¡no hijo no! que diria Ozores. Pero ¿iba a desanimarme? ¡No!, así que a seguir buscando, tenía el firme (y estúpido) propósito de demostrar en casa que yo también ganaba mis perras, aún cuando nadie en casa de mis padres, nadie había dicho o comentado esto ni por asomo; pero como soy por naturaleza cabezón (¿no se nota?), andaba convencido de ello y a por ello iba. Con dos.


Justo al lado de la botella de Vega Sicilia, había otra con una etiqueta distinta pero que también ponía Vega Sicilia y el precio era bastante menor, aunque también era de a cojón de obispo, pero al menos era, por decirlo de alguna forma; asequible en comparación a la botella de al lado. Dudé algo así como quince minutos si llevar esa botella o seguir con la búsqueda, pero teniendo en cuenta mis antecedentes, me fui derecho a un dependiente a pedirle la botella. El dependiente dudó en hacerme caso o pasar de mí, el tiempo justo en el que abrí la cartera y se podía apreciar que llevaba dinero. Así que me la despachó en una caja de cartón envuelta en  una bonita bolsa de papel (por el precio yo esperaba al menos una caja de madera...) y me dirigí todo odgulloso a casa.


Llego a casa y pongo la botella en un sitio fresco y oscuro. El día de Nochebuena, pongo la botella en el frigo a eso de las 8 de la tarde, momentos antes de salir a tomar unas copas con los amigos. Llegué a casa a eso de las 9:45 porque tenía que sacar la botella, descorcharla para que se aireara el vino y demás...., cuando llega mi señor padre y me pregunta por el precio de la botella. Tierratragamé, pero ya... Mas de 5.000 y menos de 20.000, y no me preguntes más, porque no te lo voy a decir. Y ahí quedo la cosa. De hecho, aún no te tenido narices para decirle a mi padre lo que me costó la botella de marras, aunque no dudo que lo haya averiguado por otros medios. 
Yo andaba ya medio loco, la botella a su temperatura, aireada y deseando probar el vino. Vierto el vino en las copas y brindamos. Probamos el vino. Para mí, extraordinario, excelso para ser más correcto, al fin y al cabo y según mis cálculos, cada trago de vino equivalía a 100 duros, o lo que es lo mismo, 500 pesetas, así que tenía que estar bueno si o si.
Cuando, en esto, llega mi hermana, y veo que echa mano de la botella de gaseosa, la abre diciendo, esto no me gusta, así que me echo gaseosa. Tuvieron que sujetarme mi padre y mi hermano porque me puse por 2 minutos histérico, ¡¡¿pero tu sabes  lo que cuesta ese vino?!! Mi hermana con la cara blanca sin comprender ni media.Ni nadie en la mesa. Así que, a seguir con la cena. Eso si. Gaseosa con el Don Simón.


Creo que compré en otra ocasión a medias ese vino, creo que por machada o chulería. Y creo que tardaré en comprarlo otra vez. Ahora creo que entiendo algo más que hace 10 años, tanto de vino como de economía doméstica. Pero sigo teniendo ahí ese gusanito. ¿Seré un sibarita (de mierda)?





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