martes, 31 de enero de 2012

Momento Yuju I: Napa Valley

Con permiso del primo Ale, le voy a robar una de sus expresiones: momento yuju.

¿Qué es un momento yuju? Son esos pocos momentos que viven en tu memoria, que vienen como una ráfaga, te alegran un momento, seguidos de un punto de nostalgia y que en alguna ocasión te hace maldecir (¡porca miseria!) no volver a un lugar, no estar al lado de esa persona. Puede ser el beso de tu madre, la risa con olor a BN del Yayo, las vacaciones en la playa cuando eras pequeño, las albóndigas de la Yaya, un verano con 19 años con coche y mucho tiempo, ese momento dulce con tu pareja.... o esos sitios que han tenido una bonita historia...

Si esto es un blog de vinos, es fácil adivinar de que pueden ir estos momentos yuju.

Hace un par de años, en el 2.010, tenía unas vacaciones acojonantes (mayo y septiembre, vamos, todo el verano en el curro con temperaturas superiores a 40º...), y fue por mayo, cuando hace la calor, canta la calandria y responde el ruiseñor (ejem...); Paula y yo nos marcamos un viaje por el país de los yankis, pero no al uso, aquí mi compañera no es una chica al uso y los destinos, a excepción de Las Vegas y el cañón del Colorado; tampoco fueron muy usuales. Solo puse una pequeña condición para meternos esa paliza de kilómetros: poder visitar alguna bodega de la zona del Valle del Napa, cerca de San Francisco en California, es decir, saltar el charco y después otros 2.500 kilómetros de nada...


Siendo totalmente sincero, conociendo a los americanos, me esperaba mucho espectáculo, mucho marketing, todo muy bonito, pero unos vinos muy normalitos y caros. A la hora de planear las rutas  y las bodegas, fue realmente fácil ya que hay información en la red a cascoporro, lo tienen muy bien montado. Por ejemplo, las bodegas están abiertas a que las visites y hagas degustaciones, previo pago (no muy alto), y en función de la pasta que pongas en la mesa hay un amplio abanico de opciones.
Dado que no teníamos mucho tiempo y que tampoco tenia mucha fe en lo que podríamos encontrar, amén que yo iba a llevar el coche y tampoco tenía mucho sentido ponernos hasta las trancas de vino para que nos parasen, redujimos la lista a cuatro bodegas, dos antes de comer, y dos después. Al final lo quedamos en tres por problemas con la empresa que nos alquilaba el coche, pero no nos importó demasiado.


Ya tenía experiencia con coches de marchas automáticas y a conducir en los eh, eh: uh, uh!; así que miedo, poco. Bueno, poco hasta que al GPS se le ocurrió perderse...
Una vez recuperada nuestra localización y atravesando el Golden Gate (que dirán todo lo que quieran, pero es rojo...) fuimos a una bodega de la zona de Sonoma que apareció en la película "Entre Copas", y la verdad es que me dejaron muy impresionado.


Hay que decir que en todas las bodegas lo tienen muy, muy bien montado, saben perfectamente que habrá público que va solo "a dar una vuelta" pero que todo el mundo es un potencial comprador, aunque te dedican el tiempo justo, es decir, si ven que no vas a comprar nada te dedican el tiempo en el que estás realizando la degustación y dos minutos más. La pena es que los europeos no podemos comprar todo el vino que queramos dado que las tasas de aduana encarecen mucho el producto. De esta bodega de Sonoma, Buena Vista, ya empecé a ver que quizás estuviese equivocado y que esta gente sepa hacer buen vino, aunque los precios.... bueno, caros para la mentalidad que yo tenía y tengo. El caso que me quedé tentado de coger al menos una botella, pero los costes de la aduana (hay que declarar si llevas alcohol tanto en la aduana de entrada como la de salida...) me echaron atrás.


Sin perder el tiempo nos fuimos a nuestro siguiente destino. El camino fue de lo más relajante, un paisaje con viñas a izquierda y derecha, carteles invitando a que entres en bares de vinos, grandes bodegas tanto americanas como europeas (y españolas...) cada dos por tres. 
Nuestro destino era una bodega bastante famosa por haber ganado concursos de vinos en Francia, dejando con un palmo de narices a los gabachos. Sabía que las degustaciones eran caras, pero bueno, ¿cuantas oportunidades más tendríamos de poder ir más adelante?.
Stag's Leap, ese es el nombre. Entramos con un poco de miedo, el ambiente era un poco como el de un monasterio, tanto silencio..., pero desapareció desde el momento en el que empezamos con la degustación. Se obró el misterio o se me subió el alcohol porque de repente empecé a entender inglés, pero lo que es más raro, ¡me entendían a mí! Paula se quedó un poco extrañada porque podía llevar bien parte de la charla, incluso con pequeños tecnicismos (que ni yo mismo sabía que los conocía en inglés...).
El súmmum vino cuando, como favor, nos dieron a probar su mejor vino, el Cask 23 (la degustación de este vino estaba a 40$):
No recuerdo la añada, pero ¡madre mía!, ¡¡qué vino más bueno!! pero la botellita a 200$ más lo que me iban a cascar en aduana...imposible... A la hora de pagar, nos ofrecieron la posibilidad de descontarnos el precio de la degustación si comprábamos dos botellas... Joer, merecía la pena, y mucho, pero...., pero nada, aquí la compi dijo que no hay que atreverse, que al fin y al cabo nos quedaban dos días en San Francisco, tiempo más que de sobra para fulminarnos las botellas. Dicho. Aceptamos la oferta y nos llevamos ese par de botellas.
La siguiente bodega, previo paso por un pedazo de restaurante-grill, fue un poco decepcionante después del nivel que habíamos catado, y eso que la bodega era de Coppolla,  pero con ese recuerdo nos fuimos tranquilamente camino del puerto de San Francisco a charlar con los leones marinos (tenía una discusión pendiente con uno de ellos...)


Y al día siguiente, el momento yuju: decidimos quedarnos por la ciudad, al fin y al cabo teníamos que despertarnos pronto para volver a España y casi no habíamos pateado la ciudad. De vuelta del paseo, vimos que por las cercanías del hotel había montado un mercadillo y bastante gente, música, puestos de comida, pues allá que nos fuimos. 
Un mercadillo de alimentos ecológicos, salvo pescado, había de todo: frutas, verduras, frutos secos, más vino..., joer, una pinta las fresas... nos acercamos a unos puestos a bichear, y al igual que en España, los tenderos dándote a probar. Nos fuimos con unas fresas, pistachos y no sé si algo más. A la salida del mercadillo olía de maravilla y había un par de puestos de comida con más cola que el resto, allá que fuimos a investigar. Un puesto de tamales y el otro de pollo asado. Ni cortos ni perezosos cogimos de ambos puestos un poco de pollo y un par de tamales (uno de ellos casi hacen que me detuvieran en el aeropuerto al día siguiente); y nos fuimos camino del hotel. Aquello fue un espectáculo, si nos vierais comiendo el pollo a pellizcos, el vino en vasos por encima de la cama, limpiándonos como podíamos con papel higiénico..., y de postre las fresas...., en fin, la verdad es que fue un parto aprovechado.


En la bodega dejé mis datos y me suscribí a su boletín de noticias, así que de tanto en cuanto me llega algún que otro correo con las noticias de la bodega, lo que hace que me acuerde de aquel viaje y de aquel momento yuju. Pero lo del otro día fue un poco más especial, se trataba de una cena especial por el día de San Valentin, con baile y toda la pesca.


Os podéis imaginar el pedazo de momento yuju que me entró....

miércoles, 18 de enero de 2012

Vámonos de vinos


Me soléis comentar lo bien que me queda el blog, que muy bonito eso de las referencias de las botellas que nos trincamos en casa, que muy chulo eso de descubrir vinos, pero... ¿dónde vas a tomar vinos...?

Pues la pregunta es buena...

Pasado el día de reyes y para celebrar que todo el mundo volvía a la normalidad del día a día, Paula y yo fuimos a uno de esos sitios donde sabemos que nos van a tratar bien..., bueno, por eso y porque sabemos que es uno de los pocos sitios que abren los lunes (para mi un fin de semana se puede "llamar" lunes y martes en vez de sábado y domingo...).

De todas formas, íbamos sin muchas esperanzas porque siendo lunes y después de reyes sería lógico encontrarnos con el local cerrado. Pues no, abierto y esperándonos, y encima estrenando, como el que dice, carta nueva de tapas y de vinos. Ya la teníamos liada.

Entre tapa y tapa, me dice aquí mi Paula, "oye, ¿por qué  no pones en el blog los sitios donde vamos y que sabes que ponen buenos vinos?". Pues no es mala idea, no...

Así que dicho y hecho, en unos días realizaré (otro) cambio en el blog para contaros dónde ir de vinos y tapitas. Solo os puedo decir que el primer sitio será:


Iros poniendo los abrigos, que nos vamos de vinos.

martes, 10 de enero de 2012

Resaca navideña II: las luces

Esto....
... es otra cosa....
¿Por dónde iba...?, ¡ah, luces!....


La verdad es que aún me quedaba algo de resquemor por el verdejo, no me cuadraba (ni me cuadra) que ese vino no funcionara en casa, pero tampoco era ni es cuestión de darle más vueltas, más si cabe si me regalan vino en estuche..., y con sorpresa....

Paula me viene un día con un maletín y me dice que es mi regalo. Al abrirlo ahí estaban dos botellas de un vino de Ribera del Duero reserva, cosa fina pensé... Pero justo en el medio del maletín sobre salía una cajita, a primera vista parecía una caja de bombones o de vasos, pero ahí estaba la sorpresa... Apilados en perfecto orden se disponían una serie de botes de cristal  numerados. Me costó un poco reaccionar y en saber lo que era: tarritos con los olores típicos del vino y sus defectos, los entendidos lo llaman la "nariz del vino", sirve para entrenar el olfato con los distintos olores y defectos que pude tener un vino: olor a cuero, frutas del bosque, etc... La verdad es que es un pedazo de regalo, tanto por el vino como por el complemento, y sobre todo, por quien me lo regaló.

Decidido. El vino de la nochevieja será el Valdubón. He oído hablar algo de la bodega, un tanto irregular aunque los comentarios del vino en cuestión, son buenos. 

Este año no he podido ir al pueblo a celebrar las fiestas, tocaba trabajar, así que mis padres y mi hermana bajaron a celebrar con nosotros nochevieja y año nuevo. Siempre me bajan algo de verdejo, saben que me gusta y además las botellas no tardan mucho en caer, pero en esta ocasión me han traído otra variedad..., un semidulce a base de sauvignon. 
A este vino es imposible decirle que no...., solo creeré que no te gusta el vino si le dices que no a una botella de esta maravilla..., entra de maravilla, si no te das cuenta y andas en buena compañía, tres o cuatro botellas caen fijo.... De este no necesitaba referencias....

Llegado el momento de la cena, proceder al momento de la apertura de las botellas, momento de canguele: el corcho de la botella de Valdubón tiene moho verde y presupongo lo peor. No hay nada que perder, hay otras botellas esperando...pero al pasar el dedo por el corcho, desapareció buena parte del moho, vamos, que era superficial.

Tras dejar que respirara un poco, fuí llenando copas. Lo típico, a mi no me pongas mucho, a mi no me va el tinto, solo un poco...., pero tras los primeros sorbos, la botella, rulaba entre nuestras manos al ritmo que bajaba el nivel...., muy buena señal. Un vino un poco alcohólico, pero goloso, muy redondo...
No hubo turno para media ronda más...., la botella se quedó en los entremeses....

La de sauvignon tuvo algo más de historia, un culín que quedó para el día siguiente, sabemos que achispa lo justo para que salir bailando...

Doy fé...

domingo, 8 de enero de 2012

Resaca navideña I: la decepción

Una pequeña decepción...




¡Feliz año, majos y majas! Ya hemos pasado una hoja más en el calendario, y nos echamos un año más a la chepa. Para consuelo general del personal, ya queda menos para vacaciones (en mi caso, poco más de 7 meses...).



Espero que los reyes se hayan portado bien con vosotros, aunque por ahí me ha dicho alguno que otro que si ya no le iba Papa Noél, este año ha renunciado a ser de los Reyes Magos, que él (o ella) quiere ser más del yerno de los reyes.... Los tiempos cambian una barbaridad, aunque no sé si para bien, precisamente. 

En casa no tenemos queja, aunque el regalo gordo, gordo, será para estas vacaciones de verano, aquí mi compi está ya barajando los destinos y los desplazamientos, como no podía ser de otra forma....

En cuanto a los regalos, vamos a llamarles, menores; pues luces y sombras. Las luces las vamos a dejar para la próxima entrada (unos días...), hoy me apetece más hablar primero de las sombras...

No suelo ser hombre que siga al pié lo que dictan las guías, pero si me gusta tenerlas en cuenta para saber que es lo que hay ahí fuera, o como referencia cuando encuentro o me ofrecen vinos "raros". Pero en esta ocasión me he dejado llevar por ellas, he hecho caso a sesudos catadores y me he dejado arrastrar por la puntuación de un vino determinado. No ha llegado a ser el desastre de Nidia (ni se le parece), pero me ha dejado poso....


El vino es un verdejo, según muchos, el mejor verdejo de Rueda, o lo que es lo mismo, del mundo mundial: El Transistor 2.009, de la Cía. de Vinos Telmo Rodríguez, uno de los enólogos más de moda en este lado de los Pirineos. Hará un par de años tomé varias botellas de otro de sus ruedas, Basa, bastante curioso, lo que unido a las críticas más que favorables del mundo del vino, hizo que me interesase por el "hermano mayor", si bien tiene un precio más alto, 18 € aproximadamente.


Desde que lo comprara allá por principios de noviembre, he tenido la tentación de abrirlo, pero lo fuí dejando hasta tener una fecha importante, por temor a estropear el vino, a no saber beberlo. Y en estas llegamos al día de navidad y una merluza en salsa verde (que me quedó sosa...). El primer sorbo me dejó un poco indiferente, el vino era bueno, pero no más que otros verdejos mucho más asequibles...., pero entendí que la botella llevaba abierta solo 5 minutos, acababa de terminar de hacer la comida, el vino a lo mejor estaba un poco más frío de lo aconsejable...., así que alargué un poco más en el tiempo el segundo trago.
El vino mejoró, pero no lo que yo esperaba..., dejé que pasara un poco más de tiempo, reservé poco menos de media botella para el día siguiente...., pero no..., fallaba algo, había un punto de algo insípido así a mitad de trago que hacía que no me funcionase el vino.


Defraudado...., pues puede ser esa la palabra. No dudo que quizás más adelante (y si alguien me invita) pruebe de nuevo y  me guste el vino, pero me da cierto reparo volver a gastarme ese dinero para un encuentro a medias... Puede ser que el vino no estuviese a temperatura, que haya cogido un lote mal cuidado (que lo dudo) o que tuviese parte de la lengua de vacaciones, no sé... Pero además, investigando sobre el vino, me dí cuenta que se había elaborado en la misma bodega donde se hace el Palacio de Bornos, para mí, una de las mejores de Rueda, lo cual ya me despistaba del todo.


En sí, no es mal vino, de hecho se pude compartir y repetir sin problema a quedar mal, pero no por ese precio.


Pero no todo iba a ser claroscuro....